Cuando pensamos en el pago de la vivienda, solemos enfocarnos en la parte económica, pero su impacto va mucho más allá. Desde nuestro área de Acogida, nos preguntamos: ¿Qué sucedería si no pudieras pagar el alquiler? Esta situación, que afecta a muchas familias, no solo pone en riesgo su techo, sino también su estabilidad económica, social y emocional.
Acceso a una vivienda digna
Cuando una familia no puede pagar el alquiler, por diversas causas, las ayudas se convierten en la única posibilidad para hacerlo y así mantenerse en la vivienda.
Reducción de la pobreza y la exclusión social
La pobreza y la exclusión social están ligadas a la vulnerabilidad: tener que destinar una gran parte de los ingresos al pago de la vivienda, nos sitúa en el entorno de la vulnerabilidad.
Estabilidad económica para las familias
El pago del alquiler da estabilidad económica a las familias, reduciendo la incertidumbre y evitando situaciones de desahucio o cambio de vivienda.
Mejora de la salud y el bienestar
Una vivienda estable y segura tiene un impacto directo en la salud física y mental de los miembros de la familia. Reduce los niveles de estrés y ayuda al bienestar general.
“Cuando se acerca la fecha del pago de alquiler y no puedo pagarlo, no duermo y pienso que haría cualquier cosa para que mis hijos no se queden en la calle”. (Carmen, 42 años).
Cuando las familias no tienen que preocuparse constantemente por los problemas de vivienda, pueden concentrarse en otras situaciones también importantes (laborales, escolares…). Y no solo a nivel familiar, sino también a nivel social; algo que favorece la creación de redes sociales en un entorno y, por tanto, la integración en la comunidad.
Compromiso con la estabilidad
El pago de la vivienda tiene un papel fundamental a varios niveles. Las ayudas para el pago de alquiler son un instrumento clave para garantizar la estabilidad y el bienestar de las familias, especialmente aquellas en situación de vulnerabilidad económica. Al asegurar que pueden mantener a una vivienda adecuada y estable, estas ayudas contribuyen no solo a mejorar su calidad de vida, sino también a fortalecer el tejido social y económico de la comunidad.
Una labor posible gracias a la financiación del IRPF de la Junta de Castilla y León, el Ayuntamiento y la Diputación de Salamanca, junto con fondos propios.